La nueva responsabilidad social de las empresas

Estamos viviendo momentos de cambio muy profundos en las empresas, también en lo que se refiere al ámbito de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) o Empresarial (RSE).

Hemos asistido al “triunfo” del concepto y la idea de RSC, que implicó el análisis detallado y la modificación de la legislación, su integración en las operaciones y la estrategia de las compañías, y la aparición de algunas iniciativas globales que implicaban la colaboración de los gobiernos, los mercados y el tercer sector.

Incluso se crearon índices para medirla. El Dow Jones Sustainability Index (DJSI) o el FTSE4good Index son claros ejemplos.

En general, en los programas de responsabilidad social, la acción de las empresas ha ido orientada a:

  • Evitar problemas vinculados a salud, medioambiente, fiscalidad o legislación. Permitían proteger a la marca ante reacciones de los medios y de la sociedad en los temas más sensibles, así como evitar enemistades en cualquiera de esos ámbitos.
  • Donaciones. Las que fueran necesarias para cumplir la legalidad, tener una buena posición en los índices o conseguir los mayores benecifios fiscales. RSC sí, pero analizando detalladamente el ROI.
  • Programas de voluntariado, vinculados al sector económico de la empresa, y en periodos puntuales con acciones concretas.

Sin embargo, implicar a las empresas en el ideal de servicio a la comunidad, de manera más o menos continuada, parecía una utopía. ¿Se puede contribuir, desde las empresas, al desarrollo de estas iniciativas de responsabilidad social con recursos diferentes a los meramente económicos? Talento interno, tecnología y networking parecen una buena lista de activos empresariales para poner innovar en marcha proyectos sociales en cualquier ámbito.

Y efectivamente, las cosas están cambiando. Parece que la RSC regulada por leyes u organismos públicos pierde fuerza frente a la dirigida por los consumidores y los ciudadanos (en definitiva, los mercados y sus conversaciones). Una buena parte de este cambio se debe a las B Corporations, en especial las start-ups que nacen con esta filosofía de orientación a proyecto, acción y benefico local. Pero no únicamente con foco en los resultados económicos, sino también en los aspectos medioambientales y sociales.

Un movimiento cada vez más relevante, que está permitiendo reinventar el concepto de éxito en los negocios y redefinir el papel de los inversores en las empresas. Pero que evidentemente todavía tendrá que superar muchos obstáculos frente a los modelos empresariales tradicionales.

En definitiva, se trata de empresas que tienen dentro de sus objetivos:

  • Un propósito de impacto concreto y positivo en la sociedad.
  • La responsabilidad de velar por que se tengan en cuenta los intereses de los trabajadores, la comunidad y el medio ambiente, en cada una de sus iniciativas y proyectos.
  • Transparencia máxima en el impacto social y ambiental, certificado de forma exhaustiva por el B Lab.

La triple cuenta de resultados (económica, medioambiental y social) parece la pieza clave para que las empresas, instituciones y organizaciones incorporen de verdad el tipo proyectos y modelos colaborativos sostenibles que la sociedad espera.

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