Consumo colaborativo y Bitcoin: la nueva economía ya está aquí

Repasaba Jeremiah Owyang en su conferencia del pasado mes de diciembre en el evento LeWeb, las tecnologías y nuevos modelos que más iban a impactar en las empresas en los próximos años, mencionando los siguientes:
  • Impresión en 3D (3D Printing)
  • Financiación colectiva (Crowdfunding)
  • Nuevas empresas de consumo colaborativo (Sharing Economy Startups)
  • Bitcoin

Como vemos, tres de ellos están directamente relacionados con la economía y las finanzas. Sabemos que internet está redefiniendo el papel de los actores y los intermediarios en multitud de sectores y negocios. Y ahora le toca el turno a todo lo relacionado con la economía. Bitcoin es tan sólo un ejemplo, pero es quizás el que tiene más potencial para transformar definitivamente el sector financiero, en todas sus vertientes.

Porque la moneda de esta nueva economía es la confianza, como nos decía Rachel Botsman en 2012. Lo estamos comprobando gracias a cada nueva plataforma, start-up o negocio vinculado al concepto de consumo colaborativo. Y por lo tanto, parece razonable pensar que Bitcoin pueda convertirse en un estándar o al menos un buen driver para traducir esta confianza a términos económicos.

En cualquier caso, para entender y analizar el fenómeno en su conjunto, debemos tener una visión amplia, con las opiniones de todos los agentes involucrados. En la mesa redonda de la Fundación Telefónica tuvimos oportunidad la oportunidad de hacer este ejercicio, y creo que valió la pena por el tipo de temas que se trataron:

Por todo ello, ¿cual puede ser la aportación de valor de Bitcoin a esta nueva economía y concretamente a las plataformas de comercio electrónico y a los nuevos negocios de consumo colaborativo? Pues seguramente todos los beneficios que se derivan de su uso como tecnología y medio de pago actualmente en la red:
  • Menos comisiones. Todos los sistemas de transferencias de divisas tienen comisión, también los de pago electrónico como tarjetas de crédito o Paypal. Con Bitcoin los costes de transacción son mucho menores, siendo ideal para micropagos.
  • Rapidez. Una transacción internacional en Bitcoins tarda unos 10 minutos en confirmarse.
  • Confianza. Existen multitud de plataformas y comunidades online emitiendo y gestionando sus propias monedas o divisas virtuales. La adopción de Bitcoin o el uso de aplicaciones complementarias de intercambio facilitarían su estandarización como “moneda de confianza”.
  • Global. No tiene barreras geográficas ni políticas, por lo que puede ser utilizada por cualquier plataforma online.

De hecho, ya tenemos la primera empresa que se ha constituido con capital social en Bitcoins, se llama Coinffeine. Es española, y su modelo de negocio se basa en el intercambio de divisas por Bitcoins, a través de internet y de persona a persona.

En la última edición de TrendSpain lo vimos claro: tecnología para mejorar nuestra vida y transformar los modelos de consumo. La sociedad cambia, los modelos económicos también. Hace años nos decían que compartir era cosa de pobres… ahora es de listos.

Así que posiblemente en los próximos meses tengamos que modificar y adaptar ese famoso eslogan, para esta nueva economía: “comparte y colabora en internet, para todo lo demás, Bitcoin”.

Innovar desde la ciudadanía

Pues sí. Parece que esto de innovar no era solo cosa de gurús o iluminados 🙂

Las personas innovan, crean y mejoran. Individualmente o en grupo. En las empresas, en los barrios o en las calles. Con internet y las tecnologías como aliados.

Las iniciativas se multiplican y les ponemos nombres diferentes para intentar entenderlas, agruparlas o clasificarlas: innovación social, emprendimiento socialconsumo colaborativo o “sharing economy”.
Incluso nos atrevemos a modificar la forma en la que intercambiamos nuestros activos, a inventar nosotros mismos como será el dinero del futuro.

Tal y como se concluyó en el evento sobre consumo colaborativo celebrado en ESADE el pasado mes de Mayo, estas iniciativas serán clave para entender la economía de los próximos años:

  1. El consumo colaborativo ha llegado para quedarse, porque se trata de un cambio cultural y social.
  2. Sin confianza no hay transacciones, ni negocio.
  3. Este tipo de iniciativas puede suponer el “despertar” de empresas tradicionales o sectores en crisis.
  4. La escala ideal es la ciudad, el mayor espacio de innovación que jamás haya existido.
  5. Las políticas públicas serán clave para legitimar y dar seguridad a estos proyectos.
Y también en España, donde ya tenemos un fantástico abanico de opciones en ámbitos muy diversos: energía, transporte, turismo, servicios domésticos, …
Como sociedad, tenemos una gran oportunidad para potenciar ese emprendimiento “práctico”, que resuelve problemas comunes e importantes. Los emprendedores sociales ya están conectados en la red, compartiendo, colaborando e incluso estableciendo sus propios modelos, estándares y guías. Se han puesto manos a la obra, resolviendo problemas locales con visión global, luchando contra la pobreza utilizando las tecnologías.
El informe “Bridging The Pioneer Gap” de The Aspen Institute sobre incubadoras, aceleradoras e inversión en este tipo de proyectos lo deja bastante claro:
  1. La filantropía sigue siendo necesaria como fuente de ideas e iniciativas, aunque no es garantía de éxito cuando se llevan a cabo en forma de proyectos.
  2. El partnership con las empresas e inversores privados es conveniente para que las iniciativas sobrevivan.
  3. Es tan importante aprender de los éxitos como de los errores. Por ello es vital gestionar adecuadamente todos los datos y el conocimiento asociado a los proyectos.

Y como siempre, debemos entender que en el cambio de época que vivimos, “time lost is far more critical than money lost”.